Se cree y se piensa que vivir en un mundo tan complicado y difícil es cosa de locos; pero creo que vivir e interpretar otros mundos posibles es muy maravilloso.
Se lo pregunté a mi alumna más traviesa y habladora del año 85 cuando la encontré a la salida del Colegio de los Padres Claretianos, haciéndole señas a un señor bastante mayor, que no podría ser su padre por la edad; era canoso alto y su mirada algo expresiva. Él estaciono su camión de Placas TGH 654 de Venezuela y ella le señalaba el reloj.
A ella la recuerdo mucho. Era a veces distraída y hasta tímida; se sonrojaba fácilmente, pero bailaba todas las canciones típicas folclóricas de la región y actuaba en presentaciones de teatro. Recuerdo el día que se coronó reina. Muchos decían que era corona comprada; tenia la gracia de las niñas de su edad, pero no era tan hermosa como sus hermanas; amaba cazar mariposas y ponerles un hilo y sentía que era poderosa con eso; era conversadora y preguntona no se si por defecto u opción para poder explorar el mundo.
Su madre me habló en una oportunidad de su vida. La pequeña nació en una familia numerosa de tíos y abuelos y creció respaldada por su hermana mayor quién la consentía y la mimaba como muñeca de trapo. Creció entre tres hermanas y un hermano; su padre, de descendencia Italiana murió cuando era muy niña y ella se apoyó en el cariño y respeto de su padrino- aquel hombre robusto que la visito ese día en el colegio-.
Terminó su primaria ocupando los mejores puestos: era disciplinada, comprometida y responsable, con defectos como muchas de su edad -no tendía su cama y odiaba lavar platos cuando la empleada salía los domingos-. Sus vacaciones las pasaba en Caracas, los Teques y las playas de Chichiriviche o en la finca cerca de sardianita en Norte de Santander: eran las herencias de sus tíos abuelos.
Terminó la primaria y pasó al colegio en donde lideró periódicos y la banda de guerra. Fueron muchos los problemas que tuvo por su forma de pensar. Se inició en su mundo práctico en el “ANCIANITO”, donde la reportaron al colegio por fomentar el desorden llevando música a esos corredores oscuros, vacíos y lúgubres, pero a ella no le importó. Inició un trabajo de vigía de salud en un barrio marginado de Cúcuta y recorrió almacenes de su ciudad en busca de apoyo para la fiesta de los niños de la localidad. Siempre se interesó por la comunidad, a pesar de sus diferencias con la gente de mentalidad pobre y poco emprendedora.
Inició su mejor proyecto de vida al finalizar el colegio, en una emisora de su ciudad donde la recuerdan en Punto en el AGRO, como la tía Carmela; sólo contaba con diecisiete años. Encantaba en micrófonos con sus comentarios y recomendaciones pero desmotivaba a sus públicos cuando la conocían en persona: “como creerle a una niña”, pensaba la gente.
Al terminar su colegio inició la búsqueda por su carrera profesional. En la angustia, la tristeza y la ansiedad por llegar a la Universidad, le propone a su madre que el permita hacer el viaje de toda adolescente soñadora: ir a la capital a iniciar sus estudios.
En su abanico de posibilidades no sabía si escoger entre la Sociología, el Trabajo Social, la antropología, la Psicología o en ultimas, la Comunicación Social.
Tenia muchos complejos desde niña y tal vez los mantenga para siempre: pensaba en ser una comunicadora importante e ir a las guerras a ser reportera; para ella, era un trabajo que combinaba el sentimiento, la sapiencia, la comunicación y la verdad, pero sólo fueron sueños: despertó al llegar a su realidad, culmino sus estudios en Comunicación Social Institucional y se fue a ser reportera de la Guerra de nuestros pueblos Colombianos con un proyecto de comunicación en Radio Comunitaria, que le permitió madurar como persona y valorar todo lo que la vida le había brindado. Creció mucho, al punto de enamorarse y apasionarse por la gente que conocía a su paso y era extraño pues siempre se pensó que su corazón era comunista, su mentalidad socialista y su apariencia algo trivial: cosas de las cuales nunca pudo apartarse. Le lastima que la juzguen sin conocerla, que hagan comentarios fuera de todo lo que es, tiene el país en su cabeza, por sus trabajos lo ha recorrido muchas veces y lo lee cada vez que puede.
En uno de sus viajes se encontró con la posibilidad de morir o enfrentar con rebeldía y arrogancia a un militante que quería su mas preciado objeto de trabajo, su cámara, para ella fue la humillación mas grande y lamento mucho que a pesar de este maravilloso suelo que le toca recorrer la vida no tenga precio, no fue transcendental ese día, pero aprendió a no temer al campo y tampoco a la gente: es caprichosa, imprudente y de carácter fuerte: aún no tanto para tener ese signo de Leo que la rige. Nació un 7 de agosto, ya tiene treinta años y sigue en busca de mundos posibles: estudia actualmente en la especialización de la U. Distrital. Pedagogía de la comunicación y medios Interactivos.
Cree que hay mundos posibles para los niños y las niñas siempre que se les permita vivir, soñar y construir.
Es amiguera más no “compínchera”; de niña le decían Geyne los tíos y a veces, por verla sonrojar, tribilín por su segundo nombre que es Evelyn. Siempre ha sabido que no le cae bien a mucha gente, que a veces esta de mente pero no de corazón en algunos lugares; le encanta escribir, bailar, adora sus sobrinos. A veces, sé que esta triste, extraña a su familia y a su padrino que se fue de este mundo hace unos años: nadie como yo para describirla y para conocerle a profundidad.
Ella de quien les conté es mi ahijada Xiomara Ricci, yo también le extraño y quisiera estar ahora junto a ella para consentirla como cuando se chupaba su dedo pulgar, pero ella sabe que estoy en la más lejana estrella y que desde allí doy mis bendiiones para ella y el frijolito o arvejita que lleva en su vientre.
Algún día nos veremos en este mundo posible.
XIOMARA RICCI
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